Un día frío y nevado en Bucarest

Hoy les voy a relatar mi viaje a Rumanía, ya que tuve la grata oportunidad de conocer Bucarest, su capital. Viajé en febrero, pleno invierno, y nos encontramos con una ciudad completamente nevada, de esas que parecen sacadas de un cuento.

Llegamos de noche al Aeropuerto Internacional Henri Coandă, y desde allí tomamos el tren hasta una parada cercana a nuestro hospedaje. El recinto me encantó: era una casa típica rumana que, con la nieve cubriendo el tejado y una decoración acogedora, parecía el escenario perfecto de una película romántica de invierno. Además, estábamos muy cerca del centro, lo cual fue ideal para movernos caminando.

Esa primera noche casi todo estaba cerrado, algo bastante común en invierno y más entre semana. Afortunadamente, logramos encontrar una pizzería abierta y pudimos disfrutar de una pizza deliciosa que nos supo a gloria después del viaje.

Al día siguiente nos levantamos muy temprano, con toda la energía para descubrir la ciudad. Teníamos el día entero para recorrerla a pie, y así lo hicimos. Por cierto, caminar sobre la nieve es como caminar sobre arena… pero con zapatos y mucho frío en la nariz.

Desayunamos un café caliente y un croissant en una cafetería del centro, el combustible perfecto para comenzar nuestra ruta. Caminando sin rumbo fijo, cruzamos un puente sobre el río Dâmbovița, afluente del Argeș, que a su vez desemboca en el majestuoso Danubio. Me encanta cuando un paseo urbano también se convierte en una pequeña clase de geografía.

Seguimos hacia el Parque Izvor, que estaba totalmente blanco por la nieve. Era impresionante ver los árboles desnudos contrastando con el manto blanco que cubría todo.

Uno de los puntos más impactantes del recorrido fue el Palacio del Parlamento. Es la sede de las dos cámaras del Parlamento de Rumanía y está situado sobre la colina Spirii, en pleno centro de la ciudad. Es el edificio administrativo civil más grande del mundo y el segundo edificio más grande del planeta después del Pentágono. Además de su tamaño colosal —con una superficie de 340.000 m²— es también el edificio administrativo más pesado y uno de los más costosos jamás construidos. Verlo en persona impresiona muchísimo; las fotos no le hacen justicia.

También pasamos frente al Círculo Militar Nacional, un edificio precioso y elegante que refleja esa arquitectura monumental que caracteriza a la ciudad. Muy cerca se encuentra el Teatro Odeón, otro rincón lleno de historia y encanto.

Continuamos hasta la Plaza de la Revolución, un lugar cargado de historia reciente, y desde allí fuimos a admirar el impresionante Ateneo Rumano, uno de los edificios más bellos de la ciudad, con su fachada neoclásica que parece sacada de otra época.

Para cerrar el día como se debe, probamos comida típica rumana: unas salchichas tradicionales (mici) y una sopa caliente que nos reconfortó el alma y el cuerpo después de tantas horas caminando bajo el frío invernal.

Bucarest en invierno tiene una magia especial. La nieve transforma la ciudad, la vuelve más silenciosa, más íntima. Sin duda, fue una experiencia que guardaré con mucho cariño en mi memoria viajera.

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