Hay experiencias que se quedan grabadas para siempre… y nuestro paseo en crucero por el río Nilo fue exactamente eso. Esa noche, Kike y yo nos sentimos como auténticos VIPs. Un taxi privado vino a buscarnos al hostal, nos llevó hasta el embarcadero y nuestro anfitrión se aseguró de que todo fuera perfecto de principio a fin. Desde el primer momento, nos trataron como si fuéramos famosos… y no exagero.

Nada más subir al crucero, nos dieron una cálida bienvenida y comenzó el espectáculo. Primero, una bailarina de danza árabe espectacular… y luego un bailarín que elevó aún más el nivel del show. ¡Pura energía y talento!

Pero lo mejor estaba por venir: en medio del espectáculo, la bailarina me sacó a bailar, y ahí estaba yo, moviendo las caderas al ritmo de la música árabe… toda una experiencia, divertida, inesperada y absolutamente inolvidable.
Hicimos una pausa para cenar y… ¡qué cena! Un buffet libre de comida típica árabe que me encantó: koshari, carne, pan, ensaladas… de todo un poco. Comí hasta no poder más (literalmente no llegué al postre).

Mientras tanto, disfrutábamos de las vistas de El Cairo iluminado desde el río. Una noche preciosa, con ese contraste entre la tranquilidad del Nilo y el lujo de la zona que lo rodea. Simplemente espectacular.

Y por si fuera poco… ¡karaoke internacional! Sonaron canciones de muchos países, incluida España. Kike no dudó ni un segundo: se lanzó con La Macarena representando a su país en pleno Medio Oriente.
Al terminar, nuestro agente nos llevó de vuelta al hostal. Regresamos con el corazón lleno, la barriga feliz y la memoria cargada de momentos inolvidables.
Egipto nos regaló una noche mágica… y nosotros la vivimos al máximo