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De Melide a Santiago #CaminodeSantiago

Me levanté muy pronto en la mañana con mucho entusiasmo para hacer la última etapa de Mi Camino de Santiago. A las 6:30 am salí del albergue de peregrinos, en el que pasé la noche sola en una habitación para 20 personas. La mañana estaba muy fresca y mi energía estaba renovada.

Arranqué en mi bici y rápidamente tomé la ruta del Camino. Tenia una frescura y sentía el sabor de la victoria ese día. Pensaba en todas las dificultades que pasé en los días anteriores, en el agotamiento y en las ganas de seguir adelante. En poco tiempo llegué a Arzua que era donde debí haber llegado el día anterior, pero que por descansar un poco más tomé la decisión de quedarme en Melide.

Pasé por muchos bosques que parecían encantados, sentía la magia de la naturaleza que habla con los sonidos de los pájaros y del agua que da vida. La brisa acariciaba mi rostro y me sentía feliz. Vi a muchos peregrinos pero dispersos. Me detuve a refrescar mi cara en un pequeño arroyo, el agua estaba muy fría y yo pidiendo que ese fuera un arroyo de la juventud.

En esta última etapa hice un recorrido aproximado de 49 kilómetros, en los que predominaban los descensos en medio de bosques preciosos. Pasé por varias aldeas pequeñas, las casas de piedra son muy peculiares y bonitas. El camino me llevó hacia el conocido Monte do Gozo, llamado así por el sentimiento que te invade al ver, por fin, las torres de la Catedral de Santiago.

Cuando llegué a Santiago me baje de la bici y un peregrino que ya había llegado me abrazó con mucha alegría y me dijo “has llegado a Santiago, lo lograste”.  No conocía a ese hombre, ni supe de donde salió pero el momento fue tan emocionante que las lagrimas brotaron de mis ojos como un manantial. Hice el camino sola, pero nunca lo estuve. En el camino conocí y compartí con personas maravillosas, cada quien con una historia diferente, pero con el mismo objetivo.

Luego continué en mi bici por Santiago, hasta llegar a la Plaza del Obradorio o Praza do Obradoiro (en gallego), el punto de llegada del camino. Allí estuve muy emocionada con la alegría de la victoria, por lograr la meta. La catedral es preciosa e imponente y está rodeada de gente de todas partes del mundo, que admiran su grandeza.

Es una experiencia que jamas olvidaré

Le doy gracias a Dios por darme las fuerzas y el coraje para cumplir este reto, a mi madre por sus oraciones, a mi padre por su compañía desde el cielo, a mis familiares y amigos por su apoyo y a todos los peregrinos por sus palabras de ánimo por el camino desde León hasta Santiago de Compostela. Fueron 5 días de lucha y 322 kilómetros de peregrinación. Me siento orgullosa de haber representado a Venezuela en el camino. Y como dicen en Apure “el llanero es del tamaño del compromiso que se le presenta”, soy llanera, valiente y guerrera.

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